La
gravedad: ¿es una interacción fundamental?
¿Qué es una interacción fundamental?
Para
empezar, unas palabras sobre interacciones en general. Hoy en día sabemos que
la naturaleza, a nivel fundamental, es cuántica, por lo que ésta (la mecánica
cuántica) es la explicación última de todas ellas. Sin embargo hablamos a veces
de interacciones clásicas, y de interacciones de corto o de largo alcance. ¿Qué
quiere decir esto? En el caso de la gravitación y el electromagnetismo, las
interacciones son de largo alcance, y tienen manifestación clásica.
Cuánticamente los efectos clásicos se entienden como efectos colectivos de una
cantidad inconmensurable de cuantos. Las interacciones de corto alcance
conocidas, como veremos en un momento, tienen un alcance tan pequeño que los
efectos clásicos directos son imposibles de medir. Pero en principio podría haber
interacciones de corto alcance que se manifestasen clásicamente1
(por ejemplo, si el fotón tuviese una masa en un rango adecuado).
Volvamos
a nuestro tema. Una interacción fundamental es aquella que no es reducible a
otras más elementales. En la práctica y desde el punto de vista de la mecánica
cuántica esto quiere decir que hay una partícula que es responsable de la
interacción. Esta idea fue propuesta por primera vez por H. Yukawa2
en 1935. Curiosamente, su propuesta inicial consistía en explicar las fuerzas
nucleares fuertes mediante el intercambio de piones. Hemos aprendido
posteriormente que los piones no son partículas elementales, sino que están
ellos mismos compuestos de un par quark-antiquark, y las fuerzas nucleares se
deben al intercambio de gluones entre quarks.
Decimos
que dos cuerpos interaccionan mediante el intercambio de dicha partícula.
Precisamente el alcance de la interacción es inversamente proporcional a la
masa del cuanto intermediario. Largo alcance quiere decir masa nula (o más
pequeña que la precisión de nuestras medidas). En este contexto hablamos de fuentes del campo en cuestión. O dicho
de manera más precisa, estas partículas son los quanta del campo cuántico responsable de la interacción. Estos
cuantos se pueden manifestar como partículas, que se producen y colisionan en
los aceleradores como el CERN en Ginebra, o bien como campos clásicos cuando el
número de cuantos es muy grande. Efectivamente, desde el punto de vista de la
mecánica cuántica las ondas electromagnéticas están compuestas de un número
inmenso de fotones. Todas las interacciones tienen esta doble naturaleza de
onda/partícula, incluso en los casos en los que no existen campos clásicos por
ser las interacciones correspondientes de corto alcance. Corto en este contexto
quiere decir del orden del diámetro de un nucleón, 10-13 cm, una
unidad de distancia llamada fermi.
Cuando el cuanto es mucho más masivo (como es el caso de las interacciones
débiles, que veremos en su momento), el alcance de la interacción es mucho más
pequeño.
Naturalmente
el concepto fundamental o elemental, como todos en ciencia, es
provisional. Puede suceder que lo que hoy pensamos que es fundamental sea
realmente el producto de una interacción más básica. Ya hemos visto que esto
sucedió históricamente con los piones, que hoy se saben compuestos por una par
quark-antiquark. La clave está en el famoso principio
de incertidumbre. Para explorar distancias cada vez más pequeñas
necesitamos energías más y más grandes. El valor de la energía máxima que se
puede alcanzar en los aceleradores en un momento dado pone una cota sobre la
escala de distancias más pequeña sobre la que podemos afirmar la no existencia
de subestructura.
Las
interacciones que se consideran fundamentales a las escalas que se han podido
explorar experimentalmente son:
1) La
interacción electromagnética. Es este otro ejemplo de lo que decíamos más
arriba; durante siglos se pensó que la electricidad y el magnetismo eran dos
interacciones fundamentales, hasta que Maxwell3 en 1865, basándose
en los magníficos experimentos de Faraday, demostró que realmente eran la misma
interacción. Modernamente se interpreta como debida al intercambio de fotones.
Ya hemos visto como conjuntos macroscópicos de fotones constituyen las ondas electromagnéticas.
El descubrimiento de estas ondas ocupó buena
parte del siglo XIX. Los primeros en detectarlas fueron los astrónomos: el
infrarrojo (longitudes de onda más largas que el visible, y por consiguiente
frecuencias más pequeñas; recordemos que la longitud de onda y la frecuencia
son inversamente proporcionales) fue descubierto por el astrónomo William
Herschel4 ya en 1800, y el ultravioleta (la zona opuesta del
espectro, a saber, longitudes de onda más pequeñas y por consiguiente,
frecuencias más elevadas), por Wilhelm Ritter5 en 1801. Una vez que
Maxwell escribió sus ecuaciones, en 1887 Hertz6 produjo
artificialmente ondas de radio (longitudes de onda todavía más largas que el
infrarrojo), y poco más tarde, Roentgen7 produjo los rayos X, longitudes
de onda más pequeñas que el ultravioleta.
La producción controlada del espectro
completo de ondas electromagnéticas fue un paso previo al descubrimiento del
fotón, postulado por Einstein en su momento como una partícula de masa nula.
Éste es un concepto absurdo desde el punto de vista de la física newtoniana,
pero la relatividad especial explica la existencia de partículas con masa nula
de manera consistente. Se mueven siempre
a la velocidad de la luz, en cualquier sistema de referencia inercial. En física
newtoniana, masa nula quiere decir momento nulo y energía nula. En la física
relativista, en cambio, estas partículas tienen un momento lineal proporcional
a su frecuencia (y por tanto, inversamente proporcional a su longitud de onda),
y la constante de proporcionalidad es precisamente la constante de Planck. La
energía de un fotón es proporcional a su momento, y por tanto, también a su
frecuencia. Es decir, que tanto el momento como la masa son efectos cuánticos.
Experimentalmente
fue el experimento de Compton8 en 1923 el que convenció a la
comunidad científica de que el fotón tenía un momento proporcional a su
frecuencia, de acuerdo con las ideas de Einstein. Hoy en día la fórmula de
Compton se interpreta como el resultado de la colisión de un fotón con un
electrón en reposo. En esa colisión el momento del fotón cambia (por
conservación de energía-momento), y por consiguiente también su frecuencia.
Esto no es consistente con la interpretación de la luz como una onda clásica,
en cuyo caso la frecuencia no cambiaría. Toda esta fascinante historia está muy
bien resumida en el libro clásico de Pais [1].
2)
Las interacciones nucleares débiles,
responsables de las desintegraciones de los núcleos atómicos. Se interpretan
como debidas al intercambio de los bosones vectoriales W ± y el Z0,
descubiertos por Carlo Rubbia9 y colaboradores en el experimento UA1
en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) en Ginebra en el año
1983. Para ello se hicieron chocar en los anillos de colisión del CERN haces de
protones y antiprotones con una energía más de 300 veces la de un protón en
reposo. A estas interacciones podemos añadir la mediada por el Higgs, que es
una interacción cuántica de corto alcance, aunque es pronto para asegurar que
el Higgs no tiene subestructura. Necesitamos explorar energías más grandes de
las que somos capaces en la actualidad para acotar esta posibilidad.
3)
Las interacciones nucleares fuertes.
Éstas son las responsables de mantener a los protones y los neutrones unidos en
los núcleos atómicos a pesar de la repulsión coulombiana debida al hecho de que
los protones tienen todos carga positiva. Sucede que tanto los protones como
los neutrones se interpretan como estados compuestos por tres quarks. Existe
evidencia de que la interacción entre estos quarks está causada por el
intercambio de 8 tipos de gluones,
parecidos a los fotones, pero que interaccionan entre sí. No existe indicación
alguna de que los quarks tengan subestructura. Experimentalmente, la evidencia
en favor de los quarks fue inicialmente obtenida en el acelerador SLAC, en
Stanford, California, y la evidencia a favor de los gluones en PETRA, un
experimento en el laboratorio DESY en Hamburgo.
4)
Numerosos físicos piensan que la interacción gravitatoria podría ser
interpretada en el mismo sentido que las otras interacciones, como causada por
el intercambio de una partícula llamada en este caso el gravitón. La diferencia con los casos anteriores, es que de momento
no hay evidencia directa de la existencia del gravitón, y de ahí las dudas
sobre el carácter fundamental de la interacción gravitatoria.
En
resumen: queremos ser lo más escépticos posible, y plantearnos la pregunta de
si podemos al menos imaginar que no existen los gravitones, por lo cual, según
nuestra definición anterior, la gravitación no sería después de todo, una
interacción fundamental.
Primer Interludio: Los caminos a la
Relatividad General.
El
origen de la reflexión que llevo a Einstein10 a elaborar en 1917 la
Relatividad General es el famoso principio
de equivalencia. Un campo gravitatorio es localmente equivalente a un
sistema acelerado con una aceleración igual y opuesta a la de la gravedad en
ese punto. O dicho de otra manera, en un sistema en caída libre el campo
gravitatorio se anula. Aunque Einstein pensaba en términos de ascensores que se
caían, hoy en día tenemos elocuentes manifestaciones de la veracidad de ese
principio cuando vemos flotar en sus cápsulas a los astronautas en la estación
espacial ISS (International Space Station).
Pero
este camino no es el único posible. Mucho más tarde (en 1939) los físicos
suizo-austriacos Fierz11 y Pauli12 escribieron una
ecuación para el gravitón consistente con la Relatividad Especial. Esta teoría
es totalmente satisfactoria en tanto en cuanto no haya interacciones, pero presenta
inconsistencias cuando se intentan incorporar éstas.
Esta
línea de razonamiento, generalmente asociada al nombre de Feynman13,
pero en la que participaron muchos autores incorporando pequeños detalles,
conduce, después de resolver una complicada condición de autoconsistencia,
exactamente a la misma teoría de la Relatividad General.
Curiosamente,
en la vía de Feynman se parte de la física de gravitones; en la de Einstein del
principio de equivalencia. Como vemos, la Relatividad General no necesita de,
pero es consistente con, la existencia de gravitones.
¿Qué pasa con los gravitones?
En 2016
se comunicó a la comunidad científica la observación de ondas gravitatorias
provenientes de la fusión de dos agujeros negros. Esta observación, una de las
más delicadas de la historia de la humanidad, fue posible gracias a la
colaboración internacional LIGO. Tres de sus científicos (Weiss, Barish y
Thorne)14 fueron galardonados con el premio Nobel en 2017.
Es
difícil exagerar la importancia de ese descubrimiento. Además de abrir una
nueva ventana sobre el Universo, es claro que con el tiempo se aprenderá a
modular y trabajar con este tipo de ondas, de modo análogo a lo que ocurrió con
las ondas electromagnéticas.
Dada
la pequeñez de la interacción gravitatoria comparada con las otras
interacciones, parece sin embargo lejano el momento en que se pueda detectar el
análogo del efecto Compton que demuestre fehacientemente la existencia de los
gravitones. Exactamente ese mismo efecto es, en principio, observable, así como
el correspondiente cambio de momento de los gravitones. Un cálculo sencillo
sugiere sin embargo que estos efectos no pueden ser observados directamente
hasta que las partículas tengan una energía 1019 (un 1 seguido de 19
ceros) veces de la de un protón en reposo.
Necesitamos
nuevas ideas.
Segundo Interludio: Agujeros negros y materia
oscura.
Antes
de abordar el tema principal de este artículo, a saber, si es concebible que
los gravitones no existan, tenemos que recordar unas ideas sobre entropía,
agujeros negros y cosmología.
-La entropía de un sistema macroscópico es una medida del desorden. La
entropía es en su origen un concepto termodinámico que tiene su explicación
estadística, como la exponencial del número de estados cuánticos que corresponden
a unas condiciones macroscópicas dadas (energía, etc.). Para sistemas en
equilibrio termodinámico, la entropía es proporcional a la temperatura: cuanta
más alta sea ésta, más desorden, y más entropía.
Los
sistemas físicos al evolucionar tienden siempre a aumentar la entropía. Este
principio general fue enunciado por primera vez por el físico austriaco
Boltzmann15 en el año 1872. Es intuitivo, y así ocurre para los
sistemas ordinarios, que esa cantidad sea extensiva; esto es, proporcional al
volumen del sistema. Esto quiere decir que cuanto más volumen, más estados
cuánticos están disponibles para distribuir la energía del sistema.
-Veamos qué en un agujero negro, que no es
ciertamente un sistema ordinario. Recordemos que un agujero negro es una región del espacio-tiempo donde la atracción
gravitatoria es tan intensa que nada, ni siquiera la luz puede escapar de él.
Existe una superficie, llamada precisamente horizonte
que separa los sucesos que pueden escapar de dicha atracción, y los que se ven ineludiblemente
atrapados por el agujero negro y ya no pueden escapar.
Existe una analogía (que probablemente es más
que una analogía, como veremos) termodinámica de un agujero negro. A todo
agujero negro se le puede asociar una temperatura, la llamada temperatura de Bekenstein-Hawking16,
que es inversamente proporcional a la masa del agujero negro, y también una
entropía, que es proporcional al área del horizonte de sucesos, que a su vez
resulta ser proporcional al cuadrado
de la masa de dicho agujero negro.
Se puede demostrar que cuando dos agujeros
negros se fusionan en uno solo, el área del horizonte del agujero negro
resultante es siempre mayor o igual que la suma de las áreas de los agujeros
negros iniciales. Esta fue de hecho la primera pista de que la entropía del
agujero era proporcional al área del horizonte.
Tenemos pues una entropía proporcional al
área de la superficie que rodea al volumen que estamos considerando, en este
caso el interior del agujero negro. Es conveniente subrayar que este es un
fenómeno muy infrecuente. Ya hemos señalado que para los sistemas físicos
ordinarios, a igualdad de todo lo demás, a mayor volumen, mayor entropía. Esto
es lo que no es cierto para agujeros
negros: la entropía es proporcional al área del correspondiente agujero, y no
al volumen del interior del agujero negro.
Dado que esta dependencia del área es tan
poco común, algunos físicos la han tomado como un principio fundamental de la
gravedad a dichas escalas. Esta es precisamente la base o punto de partida del principio holográfico de Gerardus ´t
Hooft17 y Leonard Susskind18, que postula que los grados
de libertad fundamentales a nivel cuántico han de distribuirse en una
superficie o pantalla, como si se tratase de un holograma, en vez de
distribuirse por todo el volumen del sistema.
La temperatura de Hawking por otra parte, es
la temperatura de la radiación que emite un agujero negro debido a
fluctuaciones cuánticas. En cambio la entropía no es la que correspondería a un
cuerpo negro (que sería extensiva),
como ya se ha mencionado, aunque se puede explicar en teoría de cuerdas para
cierto tipo de agujeros cargados llamados extremales,
que son precisamente aquellos que se pueden embeber en una teoría
supersimétrica. Explicar, en este sentido, quiere decir que se han identificado
los estados cuánticos precisos que dan lugar a dicha entropía. Ya decíamos
antes que toda la termodinámica de agujeros negros puede ser más que una
analogía. Pero todavía está por demostrar que esto es cierto para agujeros
negros no supersimétricos, que son los únicos de interés astrofísico.
En el espacio-tiempo puede haber horizontes
que no son debidos a la presencia de un agujero negro. Por ejemplo, un
observador uniformemente acelerado no es capaz de interaccionar con todo el
espacio-tiempo; se dice que tiene un horizonte (en este caso, llamado de
Rindler). Esto quiere decir dos cosas. Por una parte, hay un trozo del
espacio-tiempo que nunca podrá
interaccionar con el observador acelerado (pero éste sí que puede mandar
señales a esa región). Por otra, existe una región diferente, a la que el
observador acelerado nunca podrá mandar ninguna señal (pero el observador sí
que puede recibir señales provenientes de esta segunda región). Hay además una
tercera región en la que ni se pueden recibir ni tampoco emitir señales hacia
el observador acelerado.
Pues
bien, siempre que hay un horizonte, hay una temperatura asociada, así como
todas las cantidades termodinámicas que se deducen de ella, en particular la
entropía. La temperatura del horizonte es proporcional a la aceleración del
sistema acelerado que es localmente equivalente al campo gravitatorio, según el
principio de equivalencia que acabamos de recordar en el primer interludio.
-En los años 1960 Vera Rubin y Kent Ford19,
basándose en trabajos anteriores, demostraron concluyentemente que la masa
visible no era suficiente para mantener las estrellas de la galaxia ligadas
gravitacionalmente a ella. Aceptando estos datos, hay dos explicaciones. O bien
hay más masa de la que se ve, y a esta hipotética masa le llamaríamos masa oscura; o bien las leyes de Newton
dejan de ser válidas a las enormes escalas características de las galaxias.
Es un tema recurrente desde los trabajos del
físico israelí Milgrom (1983) que una modificación ad hoc de la dinámica newtoniana podría ser una explicación
alternativa a la materia oscura para solucionar el problema de las curvas de
rotación en galaxias. Con las observaciones recientes de microlentes
gravitatorias, se hace cada vez más complicado construir modificaciones de la
gravedad consistentes con todos los datos; pero por otra parte es cierto que no
se ha encontrado (¿todavía?) en la naturaleza un candidato viable para la
materia oscura.
El
decidir cuál de estas dos explicaciones posibles es correcta solo será posible
mediante observaciones más precisas, como por ejemplo la detección directa de
dicha materia oscura o bien la verificación de alguna predicción que nos
obligue a modificar la Relatividad General.
¿Puede ser la gravedad una fuerza entrópica?
¿Qué es
una fuerza entrópica? Es éste un concepto que se usa en general para sistemas
muy complicados (por ejemplo los polímeros) de los cuales no se tiene una
comprensión detallada a partir de primeros principios, pero de los que sabemos,
de acuerdo con la segunda ley de la termodinámica, que su entropía aumenta. A
las fuerzas que pueden interpretarse como causantes de ese aumento se les llama
precisamente entrópicas.
La
idea básica del físico americano Ted Jacobson20 en el año 1995
(retomada con ligeras variaciones, por el físico indio, en el año 2010, Thanu
Padmanabhan21 y el holandés Erik Verlinde22 en el año
2011) es aplicar el principio de que en todo sistema en el que existe una
entropía no uniforme, existe una fuerza
entrópica, proporcional a la variación espacial de la entropía; aplicar esa
idea, decimos, al campo gravitatorio, utilizando para ello las nociones de
entropía y de temperatura que acabamos de explicar brevemente.
El
punto de vista de los autores mencionados (especialmente de Verlinde) se puede
glosar de la siguiente manera: no nos pronunciamos sobre los grados de libertad
cuánticos fundamentales, sino que intentamos sacar consecuencias generales
sobre identidades termodinámicas en el horizonte de un agujero negro.
En
resumen, en mi opinión, lo que estos interesantes trabajos demuestran es que sea cual sea la teoría subyacente, las
ecuaciones de Newton son más o menos inevitables a nivel macroscópico. De ahí a
las ecuaciones de Einstein se puede llegar postulando covariancia relativista,
siguiendo el camino de Fierz-Pauli-Feynman (recordemos que no fue
históricamente el seguido por Einstein).
En
este sentido, se puede decir que la Relatividad General es análoga a una teoría emergente de las que utilizan los
físicos para describir la materia condensada (como los plasmones, por ejemplo).
Interacciones emergentes son las que aparecen cuando no se está interesado (o
no se puede tener en cuenta debido al número muy elevado de grados de libertad)
en el detalle de las interacciones básicas, y se promedia sobre ciertas
cantidades o regiones del sistema. Las teorías emergentes más conocidas aparecen
cuando se estudian objetos macroscópicos, como en materia condensada, o en
física estadística.
El
uso de este concepto en física teórica es una interesante novedad.
Este
tipo de análisis tiene dificultades23 para considerar sistemas
dependientes del tiempo, como los que son inevitables cuando se trata de
describir todo el universo, es decir, el problema Cosmológico. De hecho, en un
segundo trabajo, Verlinde postula que hay una contribución extensiva
(proporcional al volumen) a la entropía que es responsable de modificaciones de
la gravedad que podrían hacer innecesaria la materia oscura.
En
definitiva, nuestro punto de vista es que la búsqueda de las variables
fundamentales de la naturaleza a nivel cuántico sigue adelante. Lo que estos
trabajos revisionistas señalan es la
existencia de propiedades independientes de los detalles de estas variables.
De
hecho algunos autores, como por ejemplo el físico chino Tower Wang entre otros
han propuesto una derivación entrópica de las ecuaciones de Maxwell24.
Esto demuestra al menos que el hecho de que exista una manera entrópica de
entender una interacción no impide necesariamente la existencia de quanta del
campo correspondiente.
Está
claro que para entender completamente la gravitación como debida al intercambio
cuántico de gravitones, necesitamos
una teoría que contenga a la vez a la gravitación y a la cuántica. La búsqueda
de dicha teoría que haga compatibles (o que posea como ciertos límites) la
Relatividad General y la Mecánica Cuántica es una de las aventuras
intelectuales más fascinantes que se pueden emprender.
Es
posible que existan continentes enteros de conocimiento que están esperando a
ser descubiertos. Mientras tanto, el viaje continúa en medio de una densa
niebla.
Referencias:
[1]
Abraham Pais, “Inward bound: Of matter and forces in the physical world.”
(Clarendon
Press, Oxford, 1988)
[2]
T. Jacobson, “Thermodynamics of space-time: The Einstein equation of state,”
Phys.
Rev. Lett. 75 (1995) 1260
doi:10.1103/PhysRevLett.75.1260 [gr-qc/9504004].
[3]
T. Padmanabhan, “Thermodynamical Aspects of Gravity: New insights,”
Rept.
Prog. Phys. 73, 046901 (2010)
[4]
E. P. Verlinde, “On the Origin of Gravity and the Laws of Newton,”
JHEP
1104, 029 (2011)
doi:10.1007/JHEP04(2011)029 [arXiv:1001.0785 [hep-th]].
“Emergent
Gravity and the Dark Universe,” SciPost Phys. 2 (2017) no.3, 016
doi:10.21468/SciPostPhys.2.3.016
[arXiv:1611.02269 [hep-th]].
[5]
S. Carlip, “Challenges for Emergent Gravity,” Stud. Hist. Phil. Sci. B 46, 200 (2014)
doi:10.1016/j.shpsb.2012.11.002
[arXiv:1207.2504 [gr-qc]].
[6]
T. Wang, “The Coulomb Force as an Entropic Force,” Phys. Rev. D 81, 104045 (2010)
doi:10.1103/PhysRevD.81.104045
[arXiv:1001.4965 [hep-th]].
[7]
E. Alvarez, “Quantum Gravity: An Introduction To Some Recent Results,”
Rev.
Mod. Phys. 61, 561 (1989) doi:
10.1103/Rev.Mod.Phys.61561
Enrique Álvarez
Catedrático
de la UAM y miembro permanente del IFT.
Departamento
de Física Teórica, Instituto de Física Teórica,
Universidad Autónoma de
Madrid, IFT-UAM/CSIC.
Notas:
1 Técnicamente,
la palabra clásico, en este contexto, abarca efectos que no involucran
directamente la constante de Planck.
2 Hideki
Yukawa (1907-1981) fue un físico japonés que trabajó en la universidad de
Kyoto, consiguiendo el premio Nobel en 1949.
3 James
Maxwell (1931-1879) fue un físico escocés afincado en Cambridge, uno de los más
relevantes del siglo.
4 William
Herschel (1738-1822) fue un astrónomo germano-británico, que llegó a ser
astrónomo real.
5 Wilhelm
Ritter (1776-1810) fue un físico-químico alemán afincado en Jena.
6 Heinrich
Hertz (1857-1894) fue un físico alemán, director del Instituto de física de
Bonn.
7 Wilhelm
Roentgen (1845-1923) fue un físico alemán afincado en la universidad de
Würzburg.
8 Arthur
Compton (1892-1962) fue un físico americano, profesor en la Universidad de
Washington en St. Louis. Obtuvo el premio Nobel en 1927.
9 Carlo
Rubbia (1934- ) es un físico italiano, que trabajó en la universidad de Harvard
y en el CERN. Consiguió el premio Nobel en 1984.
10 Albert
Einstein (1879-1955) fue un importante físico alemán, que terminó afincado en
Princeton.
11 Markus
Fierz (1912-2006) fue un físico suizo, asistente de Wolfgang Pauli.
12 Wolfgang
Pauli (1900-1958) fue un físico austriaco, considerado como uno de los más
creativos del siglo XX.
13 Richard
Feynman (1918-1988) fue un físico americano, uno de los creadores de la
electrodinámica cuántica.
14 Rainer
Weiss (1932- ) es un científico alemán que trabaja en el MIT en Cambridge (MA);
Barry Barish (1936- ) y Kip Thorne (1940- ) son dos científicos americanos que
actualmente trabajan en Caltech, en Pasadena (CA). Thorne es un teórico que
contribuyó decisivamente al avance y popularización del proyecto. Barry Barish
es originalmente un físico experimental de partículas elementales, que dinamizó
notablemente el experimento LIGO desde que se incorporó a él en el año 1994.
Lamentablemente el físico escocés Ron Drever (1931-2017), cuyas ideas fueron
determinantes en la concepción del experimento LIGO, murió justo antes de la
decisión del comité Nobel.
15 Ludwig
Boltzmann (1844-1906) fue un físico austriaco que trabajó en la universidad de
Viena.
16 Jacob
Bekenstein (1947-2015) fue un físico mexicano-israelí que trabajó en la
universidad hebrea de Jerusalén. Stephen Hawking (1942-2018) fue un físico
británico, asociado a la universidad de Cambridge (UK).
17 Gerardus
´t Hooft (1946- ) es un físico holandés que trabaja en la universidad de
Utrecht y consiguió el premio Nobel en 1999.
18 Leonard
Susskind (1940- ) es un físico americano que trabaja en la universidad de
Stanford.
19 Vera
Rubin (1928-2016) fue una astrónoma americana asociada sobre todo a la Carnegie
Institution. Kent Ford (1931- ) es un astrónomo americano.
20 Theodore
Jacobson (1954- ) es un físico americano que trabaja en la Universidad de
Maryland [2].
21 Thanu
Padmanabhan (1957- ) es un físico indio que trabaja en el IUCAA, en Pune [3].
22 Erik
Verlinde (1962- ) es un físico holandés asociado a la universidad de Amsterdam
[4].
23 Recomendamos
la lectura del análisis de Carlip [5] para profundizar en las dificultades de
la idea general.
Fig.1. Dos agujeros negros se funden en uno (Figura incorporada por los Coordinadores).
Two
Black Holes Merge into One. Image
Credit: SXS, the Simulating eXtreme Spacetimes (SXS) project .
Impresionante artículo. Te felicito. Un excelente aporte a la ciencia. Saludos
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